Idas y vueltas en la Capital Federal

Durante las horas laborales me iba haciendo un machete para que no se me olviden algunas cosas. No es que me falle la memoria, pero es que fueron bastantes para ser un solo día. Bueno, está bien, la memoria parece me está empezando a fallar. No se, no les pasa que iban a hacer algo, se pusieron a pensar en otra cosa, y de repente no tienen la mas puta idea de qué iban a hacer? Bueno, OK. Quizá sea que en el laburo tenga cosas nuevas constantemente, o me acuerde de otras que pensé estaban resueltas, en un proceso que parece no termina nunca, y me absorbe la capacidad de almacenamiento (cuántos GB podrían ser?). O quizá tenga que enfrentar la realidad, los genes… Maldito sea el día en que no se escondieron bien y los terminó encontrando la Ciencia.

Lo que me impulsó a escribir fue solamente un episodio de todo lo que hice, pero no se por qué pienso que tengo que explicar todo para que por lo menos se pueda entender algo. Tal vez sea también porque ésta es mi bitácora virtual, porque me gusta escribir, o porque si quiero escribo lo que se me canta. Qué mas.

Introducción

Todo empezó el 19 del 12. A eso de las 14 o 15 me dicen que tenía que ir al Boletín Oficial para publicar una convocatoria a asamblea, en carácter de trámite urgente. Como había un compañero por allá cerca, él alcanzaba el documento hasta el edificio y yo solamente iba a terminar el asunto. Un poco para bancarlo porque él ya había estado bastante tiempo “afuera”, como decimos “adentro”.

Me tomo el colectivo. Viajo tranquilo, y encima sentado, favoreciendo la visión posventana. Cruzo la 9 de Julio. Me pongo a pensar que el centro de la cuidad me gusta bastante, mas allá de todo el quilombo de autos y gente que hay. Es algo parecido a lo que nunca tuve, dado que vivo en un barrio tranquilísimo de la provincia. Mas allá de todo, es como que hay vida. Ultimamente estoy medio pensante, tratando de entender la esencia de las cosas. Lo que realmente hay atrás de cada una. Quizá de a poco y con el tiempo vaya soltando algunas conclusiones.

El tema es que cuando estaba por llegar mi compañero me llama al celular y me dice que lo habían rebotado, porque no tenía la cosaesaqueunonuncatiene cuando va a hacer trámites a entidades públicas, y sin la cual es imposible hacer que los empleados muevan un dedo. En esta ocasión resultó ser que los trámites urgentes se reciben hasta las 13:30. Como dato extra, el B.O. abre a las 11:30. Si, el que quiere celeste que le cueste. Conclusión, nos volvimos los dos en el 5. Con el comentario al pasar que el puto colectivero que estaba parado en el semáforo no abrió la puerta porque “no era la parada” (en realidad, ni se inmutó), la cual estaba a unos 5 metros.

Nudo

El 20 del 12, alias “día 2″ la cosa siguó. Nada mas que esta vez, el único encargado de llevar a cabo la tarea era yo, empezando desde “adentro”. Tenía que publicar la convocatoria, con la diferencia que tenía algunas correcciones por el tema de que el día anterior el trámite no había podido entrar. Tomé el mismo colectivo, pasé a pocas cuadras del Obelisco, y me bajé en Lavalle. Esa fue una de las zonas que me gustó, dado que es peatonal, y aunque nada mas haya hecho una cuadra por ahí.

Toma 1
La primera vez que entré y saqué número fui al puesto 3. Gabriela se llamaba. Una mina que hacía dos días que no iba a laburar, y que sintéticamente, no me tomó la publicación. La excusa era la falta de la firma que justifique la corrección hecha. Puso la mejor onda en preguntar a los demás si podía tomarme la publicación, pero sin éxito. Salgo y llamo por celular a alguien de “adentro”.

Me dice que insista, y que de como argumento algo imposible, dado que previamente había intentado chamuyar con un discurso que tapaba al que me proponía. Chamuyar no en el sentido de mentir, sino de tratar de convencer de algo que tiene como única traba los requisitos formales, pero que conserva todos los requisitos lógicos. Sin más a que recurrir, doy media vuelta y abro la puerta del edificio nuevamente.

Toma 2
Saco número, y esta vez voy al puesto 4. No tengo idea cómo se llamaba la mujer, pero estaba al lado del puesto 3. Le explico lo que había pasado, y quién me había atendido. Le pregunta algunas cosas a ella (Gabriela) como para estar al tanto, y le pregunto si no había alguna posibilidad de salvar las correcciones con la misma firma que tenía la convocatoria. Y qué pasóo? Choqué contra la pared inquebrable de los organismos públicos, a cuán mas nuevo, mas burocratizado (no por este). Salgo y llamo por celular a mi corresponsal.

Le propongo irme hasta la escribanía, para lo cual él me tenía que averiguar si efectivamente estaba el escribano, de modo de salvar la publicación y poder volver en el día, para no perder mas tiempo. Como estaba ocupado, me dijo que me llamaba en 5 minutos. Yo, sin querer perder un segundo, empecé a caminar.

Creo que cuando uno está (muy) apurado se da cuenta cuán pachorros pueden ser todos los demás, o por el ritmo que llevan, o por el lugar que ocupan en la vereda. Parece como si fuesen los únicos en toda la calle. Agarré Diagonal Norte, que fue otra de las cosas que me gusta de Capital. Hoy creo que me aprendí todo lo relativo a lo peatonal de esa zona: dónde está, qué une, cómo es, para qué sirve… Fui en sentido sur, hasta Avenida de Mayo.

El punto clave, el cual mencioné al principio, fue al cruzar Rivadavia, antes de llegar a Avenida de Mayo. No se bien qué edificio está en esa esquina, pero me dio un cierto sentimiento de desprecio, aunque tal vez sin entender las razones. Lo que vi fue una serie de autos importados o de alto valor estacionados en la zona, sea a media cuadra o en esquinas. Lo que los distinguía era la patente, la cual era blanca completamente, con letras negras. Supongo que deben ser las conocidas patentes de los legisladores o jueces, aunque creo que son los primeros. Sumado a eso, bastantes policías, y por sobre todo muchos de traje. O hablando por celular, o hablando entre ellos, o haciendo quién sabe qué. Yo, por cierto, iba de camisa y pantalón, con mochila, y habiendo transpirado bastante, dado que no tengo auto importado o patente blanca. Pero claro, a ellos estas cosas no les interesan. Todos tenían caras de felicidad, o al menos estaban riendo o sonriendo. Tal vez la vida para ellos sea solo de disfrute. Tal vez para ellos la vida esté sustentada en su puesto actual. Tal vez necesitan ese lugar entre otros. Pero la realidad es que no lo se, y tal vez nunca sepa por qué parecían todos tan contentos.

Mi cara seguramente no fue de felicidad en esos metros. Hasta ese punto venía apurado, aunque sacándole un poco el jugo al lindo paisaje que presenta la diagonal. Pero cuando llegué ahí, la cosa cambió claramente. Creo que si me hubiera visto de afuera no me hubiese reconocido. Yo miraba los autos de reojo, y con bastante asco. Me puse a pensar por qué todos tienen esos autos necesariamente. Es decir, que tengan privilegios en algunas cosas es entendible (al menos hasta cierto punto), pero que el poder adquisitivo sea radicalmente dispar al del país en general me provocó cierto rechazo. Quizás sea porque ellos se nutren directamente de los demás. Quizás sea porque su felicidad está respaldada no por su trabajo, sino por las muchas desgracias ajenas (alias impuestos). No se cómo explicarlo… Fue como un encuentro casi directo con el Diablo (no con mayúsculas porque sea importante, sino por lo que significa). Algo no coordinaba con mi “religión”, o modo de ver las cosas.

La escribanía estaba cerca, y ante la consulta con mi corresponsal confirmando la presencia del escribano mediante llamada celuloica, entré directamente al edificio. Después de saludarlo y explicarle, conseguí la firma que había ido a buscar. Volví por la diagonal hasta Suipacha.

Toma 3
Eran las 13:23, y había salido del mismo lugar a las 12:58. Igualmente el trámite no necesitaba ser urgente, por lo que ya había preguntado minutos antes. Saqué número y esperé un turno. Voy al puesto 3, y saludo a Gabriela con una sonrisa:
- Y, pudiste?
- Si, con algunas gotas de transpiración mas.
Sonríe, tal vez irónicamente. Silencio. Saco la hoja y la ve. Como ya había revisado todo, da silenciosamente el OK y me entrega un formulario para que complete. Mas allá del sarcasmo que venía mostrando, la mina estuvo 10 puntos porque veía que yo mucho no tenía la mas puta idea de cómo completar el papel.
- Cualquier cosa me preguntás.
Me aclaraba seguido. Y si, le pregunté bastante.
- Se nota que es la primera vez que hago esto, no?
- No hay problema, vos preguntame.
La mina me dijo casi todo lo que tenía que poner. Al final me sentí medio mal de haberla tratado con indiferencia, dado que al fin y al cabo ella le ponía la mejor onda (supongo), pero la realidad era que no podía tomarme las cosas. Quizá el día de mañana la vuelva a ver, quién sabe.

Desenlace

Llamo al contacto que tenía “adentro”.
- Lo publiqué para el miércoles, está bien?
- Si, perfecto… Te felicito por haber resuelto el problema.
- Bueno… De nada, che.
(sonrisa)

Tal vez tendría que haber dicho “gracias”, pero me salió lo contrario. Mi inconsciente sabrá. A la vez pienso que es una de las pocas veces que recibo un feedback por algo que hago, tan importante en la motivación individual de cualquier persona. Además de eso está la satisfacción personal por poder hacer algo después de haberse chocado con paredes, pero insistir hasta poder hacerlo. No es algo que hagan todos, y no es algo que tenga el 100% de efectividad.

P.D: Vengo de estar mas de dos horas reloj solucionando un problema del puto Windows. En realidad, dos. Por un lado, debido a una “actualización” (porque en realidad era casi un virus) de drivers me quedé sin sonido. Por otro lado, el ACDSee no arrancaba, por alguna incongruencia del puto registro. No se de quién carajo fue la idea de inventar un registro, cuya única función sería la de acumular valores ilimitadamente, y sin borrar ninguno ya que los programas solamente se ocupan de meter muchos-muchos caracteres. El único final posible es resultar en errores a patadas por todos lados, y ante la impotencia de poder encontrar algo en caso de buscarlo.

–purge remove Bill, –purge remove. Y en caso de tomar la idea prestada, reconocé la fuente… No la acuses de robarte.

P.D.2: No, no me puse a escribir todo esto después de estar mucho-mucho rato en frente al monitor. Digamos que lo tenía casi escrito, por lo que nomás fue Ctrl+c y Ctrl+v. Si lo dejaba para hoy, el texto iba a ser la mitad.

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