No categorizado 24/11/2007 / 12:30 am
No frenes cuando llueve
Cuento esto hoy, que salgo de rendir parcial de Derecho Privado y después de eso, cursar Administración Financiera. Iba a decirlo ayer, cuando ocurrió lo sucedido, pero la conciencia me traicionaba a cada momento, diciendo “Estás hasta las manos, boludo. No te vas a poner a escribir encima”.
Ayer llovió. Cuando salí con el auto hacia la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) serían alrededor de las 20 horas. Hacía calorcito, y al salir de mi casa para subirme al coche, vi que empezaban a caer algunas gotas. “Que casualidad” pensé. Que puta casualidad. En realidad, durante la ida el viaje no fue un problema. La llovizna se hizo un poco mas fuerte apenas cuando subí a la autopista, y ya se le podía empezar a decir lluvia. Insisto, la ida fue normal. Normal con lluvia, por lo que el tránsito estaba un poco mas lento. Como era de noche, la visibilidad estaba ya reducida, y aún mas por el clima. Lo único que puede tener un poco de emoción fue cuando me tiré para pasar por el medio de dos autos (ya cuando estaba abajo, en Capital), pasando bastante fino entre los dos, pero el taxi que tenía enfrente ya me estaba poniendo impaciente.
Voy a la última clase de Sistemas Administrativos, la última antes del parcial (que rindo este lunes, pero no estoy tan hasta las manos). Llego tarde porque fui a sacar unas fotocopias que me faltaban de la bibliografía. “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago” se me viene a la cabeza. Bueno, la clase transcurre. Me da cierta lástima no ver mas al profesor, que parece un buen tipo y se preocupaba por las clases, como no muchos hacen. Si bien existe la posibilidad que me llame para ser ayudante junto a algunos otros que ya tiene (tengo 9 en el 1º parcial), mi respuesta sería no de todos modos. Un poco fuera de tema, pero me puse a pensar inevitablemente.
El tema es que la lástima no me duró ni un rato. De la facultad al auto tuve unos 15 minutos, y ya lloviznaba, aunque un poco mas fuerte que a la ida (y yo sin paraguas). Cuando volví a subir a la autopista, la lluvia ya era lluvia con todas las letras. Como el reloj estaría dando las 23 en ese momento, no eran muchos los autos que circulaban. Además, la velocidad promedio era menor a la que yo llevaba. E incluso al no haber autos me pasaba un poco de los 100 km/h que hay de máxima, aunque bien aferrado al volante. No con las dos manos, pero lo suficiente como para no pasar un mal momento. Fuera de esto, el viaje fue tranquilo.
Pero quizá lo mas interesante vino al bajar de la autopista e ir por la colectora, como hago habitualmente para no comerme una cabina de peaje por algunos metros. Ya terminando el trayecto se me ocurre probar el freno de mano cuando estaba andando, para ver si el auto realmente patinaba… Si, un peligro. Pero a las 23.15 y bajo lluvia, la calle estaba prácticamente desierta, así que resultaba ser uno de los momentos mas propicios para hacerlo, desatando la euforia post adolescencia. Obviamente, no lo hice yendo a 90 km/h, pero a lo suficiente como para que el auto logre hacerlo.
Primero fue yendo en línea recta. Cuando habría alcanzado los 30/5 km/h le di en seco al freno de mano. Nada, el auto seguía su trayecto, aunque la luz del tablero de comando similar a un (!) rojo se prendía. Probé otra vez, a los 100 metros aproximadamente. Lo mismo. Como desconfiaba, probé en seco e intenté salir, pero el auto no tenía la potencia necesaria. Es decir, el freno de mano si estaba andando. A todo esto quiero aclarar que las calles por las que probaba estaban en buen estado, ya que no tenían prácticamente desniveles, favoreciendo la práctica. Al meterme por otra calle similar, pruebo una última vez. Aunque en esta quise asegurarme, dándole un pequeño toque al volante, para ver si era como yo pensaba.
Freno activado, volanteo ligeramente hacia la derecha. Creo que ese momento duró segundos, pero representó minutos resbalando en la dirección en la cual iba, sin importar hacia dónde apuntaban las ruedas delanteras. Ni siquiera me dio tiempo a pensar alguna palabra, sino en ver qué carajo hacía, porque no tenía pensado mucho qué hacer. Estaba adentro de un auto de rally, aunque todo mi equipo era yo. Luego de medio segundo suelto el freno de mano y el auto vuelve a estabilizarse. “Uf… ya está, me di el gusto”. Lo que no había visto era que tenía un auto atrás, aunque seguramente porque el tarado tenía esas luces voletitas que no alumbran una verga y ni siquiera son vistas (y menos de noche bajo lluvia). No, por suerte no me chocó de atrás (porque el freno de mano no enciende la luz de stop…), porque no estaba tan cerca. Pero sí me reí cuando el conductor pegó casi un volantazo cuando llegó a la zona en donde yo había derrapado. “Que bien que actué, se creyó que había un pozo o algo”. Capaz que algo vio, pero seguro que antes me vio a mi.
Después de eso, volví del modo mas tranquilo que manejé en mi vida hasta mi casa, la cual estaba a unas 15 cuadras. Entré y seguí estudiando Derecho Privado.





Sindicación





Comentario por anidexlu.
Uy, esas cosas que hacen con los autos… me ponen un poco loca.
Me causó gracia lo que comentaste en mi blog porque estoy considerando estudiar en la UADE o en la UP. Lo más probable es UADE, la UP me queda demasiado lejos. Y la UBA (vendria a ser FADU) ni te cuento… =P.
Saludos, y gracias por comentar,
sos bienvenido!
Comentario por PauLy.
Llegué acá de casualidad, muy interesante tu blog!!
Besos